¿Por qué se discute más después de un nacimiento?
Porque nunca habíais estado tan cansados, con tantas prisas y tan poco disponibles el uno para el otro. Las discusiones tras un nacimiento rara vez tratan del verdadero tema: detrás de «otra vez te has olvidado la bolsa de la guarde» suele estar «ya no puedo pensar en todo».
Un estudio que siguió a 218 parejas durante ocho años lo observó: justo después del nacimiento del primer hijo, los intercambios negativos aumentan bruscamente, en las madres y en los padres (Doss et al., 2009). La falta de sueño no ayuda: tras una mala noche, las parejas discuten más y se entienden peor (Gordon y Chen, 2014).
Dicho de otro modo, no es vuestra pareja la que se estropea: es la etapa la que es dura. Una razón más para cuidar la forma.
Los temas que hacen saltar chispas
Son casi siempre los mismos, de una casa a otra. Reconocerlos ya es desactivarlos.
- «Siempre soy yo quien se levanta.»Las noches, y quién recupera cuándo.
- «Podrías haber pensado en ello.»La carga mental, y la lista que vive en una sola cabeza.
- «¿Otra vez tu madre?»La familia política, sus consejos y sus visitas sorpresa.
- «Déjalo, ya lo hago yo.»Las formas de hacer con el bebé, y quién sabe más.
- «Ya no nos vemos.»El tiempo a dos, y la ternura que falta.
- «Se lo consientes todo.»La educación, en cuanto el niño crece.
¿Cómo discutir sin haceros daño?
Un resultado de la Universidad de Washington dio la vuelta al mundo: en 124 parejas de recién casados, los tres primeros minutos de una discusión permitían predecir cuáles seguirían juntas seis años después (Carrère y Gottman, 1999). Buena noticia: el inicio de una discusión es justo lo que mejor se controla.
- Empezar con suavidadHablad de vosotros y de la situación, no del otro: «Esta noche estoy hecho polvo, ¿puedes bañar tú al niño?» en lugar de «Nunca haces nada».
- Un tema cada vezEl biberón de esta noche, no los últimos cinco años. Los «siempre» y los «nunca» ponen al otro a la defensiva.
- Hacer una pausa cuando desborda¿El corazón se acelera, la voz sube? Stop. «Vuelvo en veinte minutos» no es huir, si de verdad se vuelve.
- Buscar lo que es verdad en el otroIncluso en un reproche injusto suele haber un trozo de verdad. Reconocerlo baja la temperatura de golpe.
- Reparar, aunque sea con torpezaUn gesto, una broma, un «¿empezamos de nuevo?». Saber hacer las paces cuenta tanto como saber discutir.
Las frases que envenenan, y las que calman
La misma idea, otro efecto. Toca una carta para darle la vuelta.
Discutir delante de los niños: ¿es grave?
Los niños no necesitan padres que no discutan nunca. Lo que les preocupa son las discusiones hostiles, y las que nunca se resuelven: los gritos, el desprecio, los portazos, el silencio que dura.
Un estudio con 235 familias lo mostró: cuando los padres discuten de forma constructiva, con respeto, soluciones y cariño, los niños se sienten más seguros, y un año después se muestran más atentos a los demás (McCoy, Cummings y Davies, 2009).
Si una discusión ha estallado delante de ellos, las paces también pueden hacerse delante de ellos: «No estábamos de acuerdo, lo hemos hablado, y está bien».
¿No estáis de acuerdo sobre la educación?
Pantallas, sueño, mimos para dormir, castigos: los desacuerdos llegan pronto, y cada uno trae la educación que recibió.
- Poneros de acuerdo en dos o tres reglasNo en todo: en lo que más importa a los dos. Para lo demás, cada uno su estilo, y el niño se adapta muy bien.
- No desautorizar al otro delante del niñoSalvo peligro, se le apoya en el momento, y se habla a dos, más tarde.
- Contar de dónde viene cada uno«En mi casa se hacía…»: entender de dónde viene la postura del otro suaviza la discusión.
Cuando ya no es una discusión
Una discusión, incluso acalorada, enfrenta a dos personas que tienen derecho a no estar de acuerdo. Deja de serlo cuando uno tiene miedo del otro, cuando hay amenazas, humillaciones, control del dinero, del móvil o de las salidas, o golpes.
Nunca es culpa de quien lo sufre, y no le toca a esa persona «hacerlo mejor». El 016 informa y acompaña en caso de violencia contra las mujeres, gratis y de forma confidencial, las 24 horas, también por WhatsApp en el 600 000 016.
¿Cuándo hablarlo con un profesional?
Esta web no da consejos médicos. Pero algunas señales merecen compartirse con un profesional, para cualquiera de los dos:
- La tristeza, la ansiedad o el agotamiento duran y lo ocupan todo.
- Las discusiones se vuelven diarias o hirientes, o ya no conseguís hablar.
- Uno de los dos tiene miedo del otro.
¿A quién acudir? A la matrona o al médico que os sigue, al pediatra, a vuestro centro de salud o a un psicólogo.
En España, la matrona del centro de salud acompaña el posparto: revisiones, lactancia y, en muchos centros, grupos de posparto. Es un buen lugar para hablar también del ánimo y de la pareja, y no tiene coste.
Si estáis pasando un momento muy difícil, la Línea 024 atiende gratis y de forma confidencial, las 24 horas.
En caso de violencia contra las mujeres, el 016 informa y acompaña, gratis y de forma confidencial, las 24 horas, también por WhatsApp en el 600 000 016. Si hay un peligro inmediato, llamad al 112.
Vuestras preguntas
¿Es normal discutir más después del nacimiento de un hijo?
Sí. El cansancio, la carga mental y los nuevos papeles hacen subir la presión en la mayoría de los padres primerizos. Un estudio que siguió a 218 parejas durante ocho años observó un claro aumento de los intercambios negativos justo después del primer hijo, en las madres y en los padres. Lo que cuenta es la forma de discutir, y de hacer las paces.
Discuto mucho con mi pareja: ¿qué puedo hacer?
Atacar las causas más que cada discusión: repartir mejor las noches y la carga mental, guardar diez minutos al día solo para vosotros y dejar los temas delicados para un momento tranquilo. Cuando la tensión sube, una pausa de veinte minutos vale más que una palabra de más.
¿Es grave discutir delante de los niños?
Los desacuerdos tranquilos, que se resuelven, no les hacen daño e incluso pueden enseñarles a gestionar un conflicto. Lo que les preocupa son las discusiones hostiles y sin fin. Si una discusión ha estallado delante de ellos, enseñadles también la reconciliación.
¿Cómo hacer las paces después de una gran discusión?
Esperad a que baje el enfado, y volved hacia el otro con lo que habéis sentido, no con la lista de sus fallos. Reconoced vuestra parte, aunque sea pequeña. Un gesto también cuenta: un café que se lleva, una mano que se posa. No hace falta estar de acuerdo en todo para reencontrarse.
¿Qué hacer cuando no estamos de acuerdo sobre la educación?
Poneos de acuerdo en dos o tres reglas que importen más a los dos, y dejad flexibilidad en el resto. Evitad desautorizar al otro delante del niño: habladlo a dos, más tarde. Entender la educación que recibió cada uno ayuda a encontrar un terreno común.
¿Cuándo acudir a un terapeuta de pareja?
Cuando las discusiones se vuelven diarias o hirientes, cuando ya no conseguís hablar, o simplemente cuando dais vueltas en círculo. Un terapeuta de pareja ayuda a salir de los esquemas que se repiten. Si uno de los dos tiene miedo del otro, ya no es una discusión: en caso de violencia contra las mujeres, llamad al 016.
Estudios y datos citados
- Doss, Rhoades, Stanley y Markman (2009), «The Effect of the Transition to Parenthood on Relationship Quality: An 8-Year Prospective Study», Journal of Personality and Social Psychology
- Carrère y Gottman (1999), «Predicting Divorce among Newlyweds from the First Three Minutes of a Marital Conflict Discussion», Family Process, presentado por la Universidad de Washington
- McCoy, Cummings y Davies (2009), «Constructive and destructive marital conflict, emotional security and children’s prosocial behavior», Journal of Child Psychology and Psychiatry
- Gordon y Chen (2014), «The Role of Sleep in Interpersonal Conflict: Do Sleepless Nights Mean Worse Fights?», Social Psychological and Personality Science, presentado por la Universidad de California en Berkeley